El marketing y el diseño de la imagen política te puede abocar a situaciones muy extrañas y desorientadoras, capaces de alterar el sentido de la identidad colectiva. Ya no se trata de tomar parte con el cartel promocional del candidato o candidata de turno, manifiestamente trastocado en maquillaje, aunque no siempre mejorada o rejuvenecida. Por lo visto, es difícil detenerse en el punto exacto de los retoques necesarios antes de que estos deriven en deformación. El asunto está en que, con el objetivo de incorporar un mérito al currículum de su bagaje electoral, muchos gestores públicos, ahora mismo candidatos, son capaces incluso de edulcorar el paisaje cotidiano y real.

Miren los carteles promocionales de la costa de Manacor y contrástenlos con su equivalencia de paisaje físico. Tendrán serias disfunciones de encuadre y de ubicación entre lo idílico y lo real. Ahora, los Independents de Inca han contestado el calendario editado por el Ayuntamiento con una réplica menos amable de las confortables imágenes que presenta el almanaque municipal. Los mismos paisajes, enfocados desde otro ángulo, son diametralmente opuestos. Irreconocibles. El alcalde Pere Rotger dice que todo es cuestión de querer ver el vaso medio lleno o medio vacío.

El equilibrio entre el optimismo y el pesimismo tampoco puede solventarse dando por lleno el vaso que está medio vacío o negando el contenido real al que está medio lleno. Una cosa y otra adulteran por igual el paisaje cotidiano y alimentan a la par la decepción y la desconfianza del ciudadano afectado porque se da cuenta de que siempre intentan colarle gato por liebre. Estas prácticas son una elemental falta de respeto al votante que siempre es mucho más adulto de lo que los candidatos quieren dar a entender. Es otra gran adulteración. Los políticos crean una burbuja irreal para su autocomplacencia. Igual que esos carteles promocionales alejados de los baches y las cicatrices diarias.
Fuente: diario de Mallorca
Fotografías: google

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