Entre todos los matices sugeridos por las sierras del norte cacereño, Sierra de Gata convoca elementos de marcada identidad paisajística en el contexto extremeño, constituyendo una referencia que trasciende nuestro propio ámbito regional.

Más allá de las consideraciones estéticas, el paisaje hoy es percibido como un bien común con un elevado sentido integrador en la definición y sentimiento de los territorios, aunando la valoración que suma la caracterización biofísico/ambiental y la reivindicación como seña de identidad y referencia. Es un bien de dominio público valorado como recurso social, económico y cultural, y su correcta gestión es indispensable para asegurar un desarrollo sostenible que posibilite la permanencia de la población en el territorio.

El paisaje gateño, en un contexto más amplio de valoración de los recursos naturales y territoriales, es especialmente asumido en las políticas de ordenación y desarrollo territorial desde las escalas comarcales y locales (ámbito de los programas LEADER), donde los modelos y lecturas del paisaje se dotan de un sentido patrimonial como recurso integrador de lo natural y lo cultural, traduciendo asimismo el compromiso de cada comarca con su territorio y responsabilizándose del valor que le atribuye para su identidad.

La importancia de estas políticas constituye, por ejemplo, el soporte básico de las actuales propuestas administrativas de la Consejería de Desarrollo Rural, incluyendo la Agenda XXI de Sierra de Gata. A ello se suman las dinámicas e iniciativas surgidas en sectores como el turismo rural y de interior, apoyado precisamente sobre unos paisajes que transcriben patrones de riqueza y diversidad indudables (al menos hasta ahora).

La identidad paisajística que caracteriza el paisaje gateño es resultado de un dilatado proceso de integración entre la acción del hombre y el medio serrano, con sus bondades y sus limitaciones. Un paisaje donde, sin grandes monumentalidades, a los elementos naturales se suma la memoria cultural de la acción humana y sus testimonios: desde el zahurdón a la vereda empedrada, de los elaborados bancales a las sabias acequias y el primor de los huertos. Un paisaje que por naturaleza es dinámico y cambiante en la medida en que muda el territorio que lo sustenta y los actores que sobre él inciden. Un paisaje sobre el cual convergen procesos de cambio y valoración por el decaimiento de los usos tradicionales que lo sostenían y las nuevas funcionalidades que se superponen sobre esa trama física y humana.

Aparte de la propia dinámica que emana del territorio y sus habitantes, buena parte de las nuevas funcionalidades y los procesos de cambio más importantes casi siempre son ajenos al propio territorio y provienen de la acción de las administraciones públicas, sobre todo regionales.

En la actualidad lo más representativo de esta situación son los proyectos de parques eólicos. En Extremadura, hasta ahora libre de ellos, el proceso actualmente en marcha se caracteriza por la absoluta falta de transparencia y marcada confusión evidenciada, especialmente, por parte de los responsables de la administración autonómica, y a la que han contribuido algunas autoridades locales, esgrimiendo intereses variopintos y repentinamente comprometidos con la problemática ambiental planetaria.

Desde luego, las prisas sobrevenidas en la tramitación administrativa de los proyectos eólicos inducen a la sospecha sobre la validez del propio procedimiento administrativo desarrollado. Más allá de las expectativas asociadas a redentores puestos de trabajo, adolecen de los más mínimos requerimientos de adecuada difusión y valoración objetiva por parte de la sociedad, que es de lo que deben tratar las fases de información pública, teniendo en cuenta la previsible incidencia e capacidad de transformación asociada al volumen de proyectos presentados en toda Extremadura.

No cabe duda de que las energías renovables, en concreto la energía eólica, constituyen una alternativa válida y viable a las otras formas de producción de energía más contaminantes y peligrosas, aunque da la sensación de que aquí más que un carácter sustitutorio apenas ampliarán la oferta energética regional.

La sensación que prevalece, tal como parecen transmitir algunos de nuestros políticos, es que se ofrece Extremadura como solar para actividades de perfil industrial diverso, con tal de obtener impuestos indirectos y subir puntos en las aportaciones industriales al PIB regional. Y el sector energético de las renovables es la manera que tienen las grandes empresas del sector para teñir de verde su imagen, además de obtener cuantiosas subvenciones.

Pese al halo ecológico que parece tener la energía eólica, desde luego no debe olvidarse que a todos los efectos tiene la consideración de proyectos puramente industriales que, por sus propias características y requerimientos, modificarán de forma notable la fisonomía de nuestras sierras dando origen a una considerable transformación de sus rasgos físicos, alteraciones en los ecosistemas y a una contaminación visual, entre otras afecciones de calado como las redes eléctricas asociadas.

Por si la dramática acción de los fuegos estivales fuera poco, con las propuestas en ciernes de seis parques eólicos, el paisaje de Sierra de Gata está amenazado por una transformación brutal que truncará para siempre los perfiles de sus montes. Triste colofón para el empeño en el que más fuerzas sociales y dotaciones económicas se han volcado estos últimos años con muchos fondos europeos, desde la apuesta por el territorio como seña de identidad, bien de interés común, patrimonio colectivo y recurso.

Tanto desde la responsabilidad individual como ciudadanos y, especialmente, desde el inicial peldaño de responsabilidad colectiva representada por las autoridades locales y comarcales, debemos exigir la coherencia de las políticas de intervención pública superando criterios puramente economicistas y mercantiles, para que los criterios de la sostenibilidad del desarrollo de los territorios no sean dictados por los grandes magnates de la política energética con el visto bueno de nuestros políticos.

Fuente: ecoticias
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