Una forma de viajar que prioriza la preservación y apreciación del medio tanto natural como cultural.
Ecoturismo implica un viaje ambientalmente responsable para disfrutar del medio natural y de la cultura de sus habitantes, con el objetivo de promover tanto la apreciación de las riquezas naturales y culturales de los lugares a visitar, como para dar a la conservación un valor monetario tangible, que sirva de argumento para convencer a visitantes y lugareños de la importancia de la conservación de sus recursos.
Es, en otras palabras, un turismo ético en el que lo primordial es el bienestar de las poblaciones locales y el respeto por la naturaleza. O, en jerga actual, una alternativa viable de desarrollo sostenido. Costa Rica, Kenia, Nepal y Ecuador son algunos de los destinos donde más se practica el ecoturismo, aunque hay que tomarse esta etiqueta con cierta precaución: debido a la falta de unos criterios certificadores reconocidos, suele abusarse de ella en viajes que, simplemente, acercan al viajero a una naturaleza más o menos salvaje.
Un nuevo continente
Madagascar es esa gran isla en forma de huella humana que encontramos frente a la costa sudeste del continente africano. Ajenos a lo que puedan decir los geógrafos, los malgaches no se consideran africanos; para ellos su isla es un continente en medio del océano Índico que nada tiene que ver con Asia, África ni Oceanía. Para ellos Madagascar es única y no les faltan motivos: la rica fauna y la flora endémicas, a las que los científicos añaden cada año algún ejemplar, así lo atestiguan.
La isla muestra una riquísima variedad de escenarios: selva, desierto, sabana, tierras altas, playas... aquí se encuentran todos los paisajes del mundo, y casi todas las razas. Los primeros pobladores, pescadores malayos y polinesios, llegaron a Madagascar hace poco más de 1.500 años. Después, paulatinamente, fueron llegando y asentándose en la isla indonesios, indios, paquistanís, persas, árabes, africanos y chinos. Ya en la época colonial pasaron por aquí portugueses, británicos y franceses. En la actualidad se cuentan hasta veinte etnias malgaches diferentes y hay comunidades venidas de todos los rincones de extremo oriente, de todas las islitas del Indico, de muchos rincones de Europa… un curioso patrimonio de razas del que no pueden presumir muchos países del mundo.
Antananarivo, "Tana" para los amigos, es la colorida capital del país y está situada en el centro del mismo. La ciudad, rodeada de colinas, es un enorme y caótico mercado al aire libre donde parece que cada habitante tenga su pequeño puesto de venta, ya sea de frutas o de neumáticos de automóvil. Tras este punto de paso, obligatorio y pintoresco, el viajante puede ya escoger su ruta para adentrarse en alguno de los paisajes fascinantes que ofrece la naturaleza de este país.
El coco de mar
En las praderas del norte de la isla es posible cruzarse con un grupo de una docena de animalejos, de aspecto entre un gato y un mono, que corren con su cola erguida como un asta de bandera hasta desaparecer entre los árboles. Son los lemures de cola anillada. Los lemures, que son los antepasados de los simios, sólo se encuentran en Madagascar. Existen unas 75 especies y todas ellas están en peligro de extinción debido a la deforestación y a la caza.
Otros curiosos animales característicos de la isla son las civetas, las fanalokas, los tenrecs, de aspecto similar a las nutrias, o hasta treinta especies de murciélagos. Muchas otras especies de animales se extinguieron como consecuencia de la llegada del hombre a la isla. Entre los animales ya desaparecidos destaca el pájaro elefante, una enorme ave -como su nombre deja bien claro- que pesaba cerca de media tonelada y tenía una altura superior a los tres metros.
Marc Ripol
Fuente: diario ADN
Vídeos: youtube

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