El pasado viernes, Día Mundial de los Humedales y trigésimo sexto aniversario del Convenio Ramsar, la agricultura tiene mucho que celebrar. En efecto, frente al tópico de una agricultura poco menos que nefasta para la conservación de estos interesantes ecosistemas, los agricultores trabajamos, día a día, para que la realidad sea bien distinta. Ello es debido a que estamos plenamente convencidos de que el futuro de la agricultura y el de la conservación de la naturaleza van indisolublemente ligados. De hecho, aseveraríamos que las iniciativas más novedosas en cuanto a participación activa de un sector productivo en la conservación de los humedales han partido de los agricultores.

Esta línea de actuación ha orientado la política medioambiental de Asaja-Sevilla durante los últimos años y, como indicador y prueba del acierto de dicho planteamiento, se ha conseguido el apoyo de la Comisión Europea para la ejecución de dos proyectos Life-Medio Ambiente conocidos por sus acrónimos «Doñana Sostenible» (2001-2004) y «Humedales Sostenibles» (2004-2007).

En ambos proyectos se aborda la solución de un problema ambiental relacionado con la conservación de los humedales mediante la introducción de cambios en los sistemas productivos, convirtiendo en una realidad lo que la jerga comunitaria denomina aproximación «bottom-up» (desde los actores socioeconómicos hacia la Administración) a los problemas.

El proyecto Life-Medio Ambiente «Humedales Sostenibles», liderado por Asaja-Sevilla y en el que también participan la Consejería de Medio Ambiente, la Federación Europea de Agricultura de Conservación (Ecaf) y Syngenta-Agro, propone la aplicación de técnicas de agricultura de conservación en cultivos herbáceos y arbóreos situados en las cuencas vertientes de aquellas lagunas sevillanas calificadas como «lugares de importancia comunitaria». La agricultura de conservación utiliza técnicas como la siembra directa, las cubiertas vegetales vivas o el mínimo laboreo para reducir la erosión de los suelos y, en consecuencia, disminuir la colmatación y mejorar la calidad del agua de estos humedales.

Estas lagunas están ubicadas en zonas eminentemente agrícolas, en las que el sector agrario contribuye de manera significativa a la renta socioeconómica de las comunidades locales.

Asaja-Sevilla considera que la estrategia óptima para preservar los humedales consiste en mejorar la capacidad del espacio agrario para generar valores y recursos naturales. En esta dirección camina el proyecto «Humedales Sostenibles», promoviendo no sólo una mejora en la fertilidad de los suelos y la biodiversidad del espacio agrícola sino también el fomento de actitudes respetuosas con el medio ambiente por parte de los agricultores. De esta manera, se abordan aspectos ambientales, sociales y económicos, cuestión básica para un desarrollo sostenible. Ello, además, se encuentra muy en consonancia con las políticas más innovadoras en cuanto a conservación de la diversidad biológica, que difuminan los límites de los espacios naturales protegidos mediante zonas periféricas de protección frente a antiguas concepciones reduccionistas que provocaban el efecto «isla-biológica».

Este asunto no es baladí, especialmente para las autoridades medioambientales, puesto que tienen ante sí uno de los mayores retos que ha planteado, hasta la fecha, la gestión del patrimonio territorial tras la reciente aprobación de la propuesta de «lugares de importancia comunitaria por la Comisión Europea (19 de julio de 2006). Dado que gran parte de la sobredimensionada Red Natura 2000 se encuentra ocupada por explotaciones agrícolas, ganaderas, silvícolas y cinegéticas, una aproximación a la gestión medioambiental, partiendo de los propios agricultores, facilitaría enormemente la labor de las autoridades medioambientales y plantearía un futuro esperanzador para la consolidación de la Red.

Esta aproximación a la conservación se encuentra también muy bien cimentada por la propia Política Agrícola Común (PAC) que, desde su nacimiento en 1962, ha ido exigiendo un compromiso cada vez mayor de los agricultores con la conservación de los recursos y valores naturales del territorio. Las sucesivas reformas de la PAC han convertido en prácticamente interminable la lista de requisitos medioambientales que las explotaciones agrícolas deben cumplir, generándose, en no pocos casos, una auténtica confusión entre los agricultores sobre el alcance de tales requisitos y los límites a los que llega su responsabilidad ambiental. El reglamento 1698/2005 relativo a la ayuda al desarrollo rural a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader), constituye, hasta ahora, el punto culminante de esta política de integración de cuestiones medioambientales en el mundo rural.

Es necesario por tanto que, atendiendo a las limitaciones económicas impuestas a las explotaciones, la administración ambiental incentive a los agricultores y ganaderos para paliar su evidente pérdida de renta. Con ello lograremos garantizar la continuidad y la estabilidad de las explotaciones agrarias y reafirmaremos el compromiso con la sostenibilidad de los agricultores y ganaderos andaluces.

Miguel Afán de Ribera
Secretario General de ASAJA-Sevilla

Fuente: ABC.es
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