Alrededor de las zonas húmedas, ríos, arroyos, lagunas y embalses se desarrolla una vegetación y fauna peculiar cuya existencia se liga a la presencia permanente o temporal de agua.
En el caso andaluz las aguas interiores son islas de humedad, de vida, en un medio árido dominado por una fuerte sequía. Este valoración no estuvo siempre tan clara; su existencia ha estado amenazada incluso con una normativa legal que incentiva su destrucción: la Ley de Desecación y Saneamiento de Lagunas, Marismas y Terrenos Pantanosos de 1918.

En la década de los cincuenta y sesenta, con el comienzo de los planes desarrollistas, desaparecieron enclaves tan valiosos como la laguna de la Janda, de más de 40 kilómetros de largo por 6 kilómetros de ancho en su parte más extensa.
En la actualidad, la calidad general de los ríos andaluces se puede calificar de mediocre o mala, y ello se debe a la visión fuertemente sesgada con que dichos ambientes han sido percibidos por la sociedad. Los ríos han representado no sólo un volumen de agua a controlar, sino también la vía de evacuación de la mayoría de las aguas residuales generada por el hombre. A ello se une la tala indiscriminada de las márgenes cubiertas por vegetación natural, que se apropian incorporándose ilegalmente esos terrenos a las fincas colindantes.

Las lagunas naturales constituyen junto a los ríos y a los mantos de aguas subterráneas, el tercer elemento que interviene en el ciclo hídrico en los continentes. Su carácter natural como zona de descarga de acuíferos o como elementos de un sistema endorreico, les confiere una importancia ecológica decisiva
En Andalucía el fenómeno lagunar se da preferentemente en zonas llanas constituidas por materiales impermeables del terciario, arcillas y margas, como son los complejos endorreicos de Málaga, Córdoba, Sevilla y Cádiz.
Otro tipo de laguna se da en suelos de carácter arenoso y con un drenaje rápido. A este tipo pertenece las lagunas litorales de El Portil y Santa Olalla en Huelva y otras del Bajo Guadalquivir.
La función de las lagunas como zona de refugio de la avifauna es probablemente la principal causa que alienta los movimientos de conservación, al establecer una trama de reposo o hábitat de aves permanentes y migrantes entre Africa y Europa, junto con otras zonas húmedas de carácter litoral, como las marismas del Golfo de Cádiz, o las del Cabo de Gata.
La paulatina desaparición de las lagunas naturales en toda la península y en Andalucía, donde no eran precisamente abundantes, no hace sino provocar concentraciones anormales de aves en espacios cada vez más reducidos, que facilitan las grandes mortandades y el desarrollo de epidemias.
Así pues, el mantenimiento de gran parte de la diversidad de plantas y animales de la región y de su función de encrucijada en las migraciones anuales de aves entre el norte y el sur, descansarán en el futuro en la adecuada conservación de las zonas húmedas. Y como dijo el poeta: “Corre el agua y corre el viento / y como vienen se van / más que de prisa, corriendo”.
Andalucía 24 horas
Imágenes: www.flickr.com

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