El Parque Natural de Sant Llorenç del Munt tiene un valor sentimental muy especial para mí. En la zona norte de la ciudad de Sabadell, mi lugar de residencia, tenemos el privilegio de disfrutar de una espectacular panorámica de la sierra pre-litoral catalana. Al salir de casa puedo contemplar una panorámica de gran belleza: en primer término un paisaje agroforestal de campos de cereales y bosques de encina, robles y pinos, enmarcados por las sierras de Montserrat, serra de l´Obac, Sant Llorenç del Munt, el Farell, cingles de Gallifa, cingles de Bertí y el macizo del Montseny.

El Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y L'Obac se encuentra en la Cordillera prelitoral catalana, a caballo entre las comarcas del Bages y del Vallès Occidental, entre el río Llobregat, en el Oeste, y el río Ripoll, en el Este. El parque natural está conformado por las dos cordilleras que le dan nombre y que se unen en el cuello de Estenalles.

El singular paisaje del parque está formado por cinchas y monolitos de conglomerado rojizo que contrastan con el verde de los pinares y los encinares que colonizan los faldones y los canales de la montaña. En el área del parque se ubica el monasterio de Sant Llorenç del Munt, ubicado en la cumbre de La Mola. Éste es el monumento más emblemático de un macizo donde también son abundantes los restos arqueológicos neolíticos.

Vegetación: La vegetación característica del parque natural es el encinar, que por encima de los 800 metros se enriquece con especies propias de los lugares húmedos como el serbal, el boj y el roble -que forma algunos bosques muy interesantes-, mientras que en altitudes inferiores se mezcla con pinos y arbustos mediterráneos, como el brezo y el madroño. La base del macizo se encuentra ocupada por pinares de pino blanco, que en las zonas más sombrías es sustituido a menudo por el pino encarnado. En los canales más sombríos aparecen capas ocupadas por avellanos, donde se abrigan plantas propias de la región centroeuropea, que constituyen los reductos más meridionales de su distribución. En las pedrizas y en los riscales crecen diversas plantas de gran interés, típicas de lugares secos y con poco suelo.

Fauna: Una de las especies de mamíferos con mayor presencia en el parque en los últimos años es el jabalí (Sus scrofa). A pesar de la presión cinegética a que han sido sometidos, no es raro sorprender alguna ardilla (Sciurus vulgaris) saltando entre las ramas, o conejos (Orictolagus cuniculus) en las pedrizas de la carena. Hay que hacer resaltar la importancia ecológica de los mamíferos carnívoros que controlan el equilibrio en las diferentes comunidades. Éste es el caso de la garduña (Martas foina), la jineta (Genetta genetta), el zorro (Vulpes vulpes) y el tejón (Meles meles) entre otros, de costumbres nocturnas o crepusculares. Las aves representan el grupo más numeroso de los vertebrados del macizo. Las más comunes son el mirlo (Turdus merula), la paloma torcaz (Columba palumbus), el arrendajo (Garrulus glandarius), el petirrojo (Erithacus rubecula) y los herrerillos (Parus spp.), que crían. En las partes bajas del macizo abundan el pinzón (Fringilla coelebs), el jilguero (Carduelis carduelis), la abubilla (Upupa epops) y el tordo (Turdus philomelos), que nidifica en uno de sus límites más meridionales en la Península.

De vez en cuando, todavía aparecen en el cielo algunas rapaces como el águila perdiguera (Hieraaetus fasciatus), gavilanes y azores (Accipiter spp.), entre otros, y diversos falcónidos; así como los excepcionales buitres (Gyps fulvus) y el águila dorada (Aquila chrysaetos), extinguidos como nidificantes. También hay que remarcar la presencia de algunas parejas de búhos reales (Bubo bubo), que han desaparecido en gran parte de Centroeuropa, mientras que aquí están presentes todavía en los peñascos más salvajes de los canales. En las malezas y pinares menudean la serpiente verde (Malpolon monspessulanus) y la serpiente blanca (Elaphe scalaris). Tampoco es raro sorprender, entre los pedregosos caballetes del parque, la víbora (Vipera latasti). En muchas de las fuentes que se encuentran en la montaña crecen larvas de la vistosa salamandra (Salamandra salamandra), así como renacuajos de diferentes especies de sapos.

Cultura: El establecimiento humano en el macizo de Sant Llorenç del Munt es conocido desde la prehistoria. Son varios y relevantes los yacimientos encontrados en cestos y abrigos naturales, que confirman que el macizo fue escogido por el hombre prehistórico como lugar de establecimiento. A lo largo de los tiempos, se han ido amontonando restos que testimonian las ocupaciones de los diferentes periodos históricos. El periodo que ha dejado una huella más profunda es la Alta Edad Media, época en que se empezaron a formar en los alrededores del macizo la mayoría de los núcleos habitados que constituyen las villas y ciudades actuales. El más destacable de esta época son las iglesias románicas y, muy especialmente, el monasterio de Sant Llorenç del Munt, construido en la cumbre culminante de la Mola.

Fuente: Consumer.es
Imágenes: www.google.es
Videos: www.youtube.com