Desde lo alto de A Armada cayeron toneladas de restos vegetales, tierra y lodo, arrastrados por el agua, durante las inundaciones de octubre. En el monte se aprecian perfectamente las huellas dejadas a su paso por los torrentes, que convirtieron pistas y caminos en auténticos cauces.
Todas esas vías forestales continúan hoy tal y como las dejaron las trombas de agua. Además, ha desaparecido casi completamente la vegetación y las piedras desnudas comparten el suelo con un polvo formado por tierra y ceniza, que se convierte en lodo cuando llueve.
No hay ninguna barrera que impida que, en caso de nuevas lluvias, las escorrentías arrastren de nuevo piedra y lodo hasta los núcleos habitados. «A única garantía que temos -dice Antonio Domínguez, alcalde de Cee- é que cada vez que chova quedará no monte menos que arrastrar». Las próximas lluvias probarán las medidas de la Xunta.
La Voz de Galicia

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