La mano del hombre continúa deteriorando el tejido de la vida. Y en cada nuevo lugar que pisa el ser humano, su huella es cada vez mayor y más profunda. El informe Planeta Vivo, elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF/Adena) y que cada dos años pasa revista al estado del mundo natural, advierte de la degradación sufrida por los ecosistemas a causa de la sobreexplotación de sus recursos, que ya supera en un 25% la capacidad regenerativa del planeta. Es lo que se llama la «huella ecológica», que mide el impacto de la demanda de la humanidad sobre la biosfera, en términos del área de tierra y de mar biológicamente productiva requerida para proporcionar los recursos que utilizamos y para absorber nuestros desechos. Proyectando las tendencias actuales, en 2050 la humanidad estará usando dos veces el valor de los recursos naturales del planeta.

Según el estudio, entre 1970 y 2003 la huella ecológica se triplicó. En ese año, nuestro consumo excedió la biocapacidad en un 25%, frente a un 21% en 2001. Esto significa que la Tierra necesitó un año y tres meses para producir los recursos que usamos ese año. El dióxido de carbono, principal gas de efecto invernadero, fue el componente de crecimiento más rápido por el uso de combustibles fósiles, ya que aumentó en más de 9 veces entre 1961 y 2003.
Los mayores impactos
Los países que poseen la huella más grande en hectáreas por persona son: los Emiratos Árabes Unidos, EE.UU., Finlandia, Canadá, Kuwait, Australia, Estonia, Suecia, Nueva Zelanda y Noruega. China se encuentra en la mitad de la tabla mundial, con el número 69, pero su creciente economía y rápido desarrollo juegan un papel clave en el mundo y en su camino hacia la sostenibilidad. España se sitúa en el puesto número 15.
El caso de nuestro país no resulta alentador. Entre 1975 y 2003 nuestros ecosistemas han perdido un 4% de su capacidad ecológica.

Simultáneamente, durante los últimos 31 años la presión que ejercemos sobre esos sistemas (nuestro consumo) creció un 97%. Actualmente, consumimos un 211,7% más de lo que nuestra naturaleza puede producir y asimilar (en forma de residuos). Esto quiere decir que necesitaríamos más de dos países como el que tenemos (además del nuestro) para satisfacer nuestro consumo.
Midiendo la biodiversidad
La pregunta es: ¿Cómo es posible que una economía continúe operando en el exceso? A lo largo del tiempo, la Tierra genera sus recursos ecológicos, como bosques y zonas pesqueras. Estos pueden ser cosechados, por un tiempo limitado, a un ritmo mayor del que requieren para regenerarse. Pero no podemos estar en el exceso mucho tiempo sin agotar los recursos biológicos y sin interferir con su habilidad de regenerarse.
Por eso, el informe desarrolla otro indicador, el llamado Índice Planeta Vivo, que mide la biodiversidad basado en las tendencias de más de 3.600 poblaciones de 1.300 especies de vertebrados. Atendiendo a su disminución, el resultado es que los recursos y servicios ecológicos del planeta ya han descendido un 30% entre 1970 y 2003, mientras, como hemos visto, el consumo de esos bienes sigue imparable. Por tanto, habrá que buscar un término medio en esta cadena de la vida que, si bien aún no se ha colapsado, sí empieza a dar señales de agotamiento.
ARACELI ACOSTA. MADRID
ABC

Los comentarios están cerrados