La disyuntiva sobre la conveniencia o no de apostar por los campos de golf como dinamizadores de los sectores turístico e inmobiliario ha vuelto a reactivarse. El debate sobre la ley que debe regular su construcción, ha puesto en la mesa de discusión un asunto que, más allá de intereses económicos, ha tomado un cariz de enfrentamiento político.

Castellón es la provincia del litoral Mediterráneo con menos campos, lo que la sitúa en condiciones de desventaja respecto a otros destinos turísticos. Nuestra oferta se limita a las instalaciones del Grao de Castellón, Sant Jordi y Borriol, frente a otras zonas como Málaga (34), Barcelona (34) Girona (24), Alicante (14), Tarragona (8), Almería (8); Valencia (6) y Murcia (6) con unos potenciales mucho mayores. Los defensores de este modelo económico arguyen que es imposible competir, mientras que los detractores aluden al deterioro del medio ambiente, la especulación urbanística y la falta de agua como argumentos básicos para denostar cualquier insinuación de este tipo.

Así las cosas, son muchos los municipios de la provincia que han apostado por la fórmula del golf como epicentro de un desarrollo urbanístico. Por eso, cualquier regulación que se realice de todas estas iniciativas será bien recibida para que cada cual no campe a sus anchas y exista un marco normativo referencial que, sobre todo, respete los valores medioambientales de los que, todavía hoy, podemos presumir en Castellón.

El Periódico Mediterráneo